Mario is eating

 

Los que me leen desde el día 1 saben que dije que eran muy bienvenidas las contribuciones a mi blog. Y pues que me han sorprendido con la primera, y no puedo estar más contenta. Deseando estoy que vengan muchas más!
 
 
Mario is eating
Empiezo con una declaración jurada: Comer es uno de mis placeres favoritos junto a leer, viajar, la playa, jugar baloncesto y algunos otros que pueden imaginar.
Y sigo con una sentencia firme: El buen comer no tiene que ver con el costo ni con el mantel largo. No tiene que ver con ingredientes finos o exóticos. No tiene que ver con preparaciones complejas. El buen comer, según lo siento yo, es esencialmente una predisposición del alma y un estado de ánimo…  
Mi gusto por comer probablemente sea genético puesto que intuyo que mi padre era un gran aficionado a la buena mesa. En aquellos primeros años de mi infancia yo era un privilegiado aunque en ese momento no era consciente. Nos llevaba a muchos de los restaurantes de la alta cocina habanera, casi todos en El Vedado y sus alrededores. Recuerdo especialmente La Torre, en lo alto del Focsa, con esa maravillosa vista a la ciudad y al mar Caribe. Era, sin duda, su restaurante favorito. Y, más que alimentarnos, me estaba enseñando una “idea fuerza” extremadamente poderosa que he ido afianzando a lo largo de mi vida: comer es una experiencia social y muti sensorial, donde la comida es el hilo argumental, pero donde la compañía y el entorno hacen la diferencia. Hasta el día de hoy recuerdo platos del menú de La Torre como la crema aurora o el dobos, puesto que eran preparaciones que se salían de lo común en el pautado menú diario de un cubano promedio: arroz, frijoles y lo que hubiera…. Para preparar uno de los postres, creo que era el mismo dobo, venían unos señores muy serios, arrastrando un carrito, y hacían un acto de magia con fuego delante de nuestras narices! Me encantaba ese ritual, que casi era un acto de circo para mis ojos infantiles y mi incipiente cultura gastronómica. Toda una experiencia diferente. Sinceramente, no recuerdo si me lo comía, pero siempre me pedía “el postre del fuego”.
Por otro lado, mi madre es una excelente cocinera. Primero ejercía cocinando en casa, y después profesionalmente, cuando tuvo que empezar a trabajar para sostener a la familia. Su congrí, por ejemplo, es mítico, único, indescifrable pese a su sencillez, e irrepetible en su sabor. Mi mamá ganaría Medalla de Oro en las Olimpiadas del Congrí, así de bueno es… Y pudiera mencionar muchos otros platos de mi mamá cuyos sabores están irremediablemente almacenados en lo más profundo de mi subconsciente gustativo, pero ninguno como su pollo asado. Dicho así parece poca cosa, pero nunca he probado un pollo tan sublime como aquel. Quizás sería tan especial porque fuese pollo de los años 70-80, que por aquel entonces todavía eran “pollos pollos” y no los actuales engendros que más que crecer se inflan para venderlos en supermercados. O sería por la salsa china que llevaba la receta, en unas proporciones que solo mi madre sabía… O sería, y esta siempre ha sido mi teoría favorita, por el toque inconfundible que le daba una olla que había en casa. Una olla redonda, profunda, de hierro fundido, más negra que un tizón… Si la receta se hacía en aquella olla específica y concreta, se obtenía el resultado mágico. En cambio, en cualquier otro recipiente, la misma receta quedaba buena, pero no era lo mismo. Misterios de chefs.
Para mi comer es un acto importante en el día a día, no un simple acto biológico de supervivencia elemental. Es por eso que tengo algunas manías personales para comer. Por ejemplo, no me gusta (nunca me ha gustado) comer con el plato en una mano y la cuchara en la otra. No señor. Comer, se come sentado y en una mesa. Tampoco me gusta comer un plato frio cuando fue pensado para comer caliente. Me parece una falta de respeto, al plato y al cocinero. Creo que estas dos manías me vienen de herencia materna. Claro, no hay que ser fanático, y hay ocasiones donde ambas situaciones están plenamente justificadas, como cuando de niño íbamos a Santa Maria del Mar o Guanabo, y comíamos congrí, bistec y platanito maduro frito, menú playero cubano por excelencia, pensado y ejecutado por las madres para ser engullido con el plato en la mano y frio. Oiga, a la una de la tarde uno le partía pa’rriba a ese menú aunque estuvieses todo salado (la piel) y empanizado (de arena)… Sabía a la mismísima gloria. 
Mucho ha llovido desde mi infancia pero sigo agradecido de las oportunidades que me ha dado la vida. He visitado muchas ciudades del mundo donde he tenido la posibilidad de disfrutar experiencias gastronómicas variopintas, singulares, divertidas, raras y asombrosas…desde comer una “torta” en humildes puestos callejeros mexicanos, hasta elegantes restaurantes de estrellas Michelin en grandes urbes. Eso sí, tengo por costumbre pedirme el plato más raro de la carta, sea hormiga, grillo, cocodrilo, pescado o vegetales desconocidos, o mezclas imposibles de ingredientes; siempre me gusta correr el riesgo de pedir eso que no puedes comer en ningún otro lado.
Sin embargo, tengo claro cuál es mi cocina favorita: la cocina de casa, la cocina de Sandra… Y no porque ahora haya estudiado en una escuela de alta cocina o haga recetas de chefs y exquisitos inventos propios. No es por eso. Es mi cocina predilecta porque desde que me da de comer (muchos años ya!) siempre ha tenido esa mano especial, ese gusto por cocinar, y sobre todo, ese amor que pone a lo que hace, así sea un huevo frito, que es esencial para que una receta quede sabrosa. Y por supuesto, después nos sentamos juntos y en familia, y nos dejamos llevar por el placer del buen comer…Como en casa, en ningún lado. Así pues, “Sandra is Cooking” y “Mario is eating”, todo en la vida es tener equilibrios.
Si me dejas, te robo un pedacito en tu blog, para escribir de mis experiencias en casa y en el mundo, con ese gusto por la cocina y el buen comer que he heredado de mis padres y que ahora tú me refuerzas cada día.

Autor: Sandra

Soy una mezcla de 6 países, muchísima gente y un montón de experiencias. A mixture of 6 countries, too many people and a lot of experiences. La Habana. Santiago de Chile. Barcelona. Valencia. Bogotá. Mexico DF. Miami.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s