Chopsuey de pollo

De mi abuelo he hablado ya antes, pero la verdad daría para muchos artículos las cosas de mi abuelo y de su cocina. Tuve la suerte de tenerle cerquísima todos los primeros años de mi vida. Como muchos niños cubanos a mí se puede decir que me criaron mis abuelos. Fui además la nieta que más tiempo estuvo y compartió con ellos, así que presumo de ello y soy consciente de la suerte que tuve. Mi niñez fue marcada por el amor de mis abuelos, y por la cocina de los dos. Que mi abuela también era una crack en postres, pero eso ya es otra historia.
La cocina de mi abuelo medía literal un metro cuadrado. Algunos seguro se ponen las manos en la cabeza y hasta pensarán que estoy exagerando, pero no. Solo cabían él y sus cacharros. Si alguien entraba a buscar algo él, con todo el carácter asiático que le viene en los genes, lo espantaba sin compasión. A veces pienso cómo podía cocinar en tan poco espacio, y sobre todo cocinar tan rico.
Pero según me cuentan en sus años mozos, y para tirar palante a una familia de 5 hijos, trabajaba en una de las típicas fondas de chinos que habían en La Habana de aquel entonces. Me hubiera encantado vivir esa época de la Cuba antes de la Revolución y la Habana con sus negocios y locales pintorescos. Aunque cierro los ojos y me lo puedo imaginar a él perfectamente con esa calma chicha que lo caracterizaba sirviendo sin pausa “completas”, que era como le llamaban en aquel tiempo a un plato completo de comida, ya fuera un arroz frito o similar. El y muchos chinos más seguramente. Siendo así pues asumo que su metro cuadrado le debe haber parecido una cocina 5 estrellas.
Cada día yo le acompañaba a hacer su recorrido matinal que consistía en pasar por la carnicería, la lechería, la panadería y la bodega. Caminábamos fácil 1 kilómetro o más. Me lo pasaba genial. Ibamos de un local a otro, todos me conocían y le conocían. -Chino qué tal cómo va la cosa?- le decían. Y él con aquel acento chino y machacando el castellano respondía a todos sin cambiar mucho su gesto. Yo en cambio, que ademas del gen asiático tengo el caribeño en el disco duro, iba salamera saludando y hablando con todos. En la panadería siempre me regalaban pan, y el carnicero me daba trocitos de jamón (que cuando aquello había). Me encantaba ir “de paseo” con él, cero stress, cero apuro, paseo zen totalmente y plan asiático y relax por las calles del Vedado. Lo dicho, que suerte la mía.

 

Luego llegaba, y se metía a la cocina y de allí no salía hasta que ya iba a poner la mesa y servir el almuerzo. Atrévete a entrar para que veas la que te caía encima. Más de una vez echó a mi abuela de su metro cuadrado y además con tremenda mala leche. ;-)Y yo observando el panorama y riéndome a escondidas.
No se como lo hacía Pipo, pero en ese reducido espacio hacía maravillas. Ya he dicho que de ahí me ha de venir el amor por la comida y por la cocina, de ese metro cuadrado y de la magia que él allí hacía. Estoy segura de que Pipo fue quien hizo que mis papilas gustativas conocieran el umami a muy temprana edad sin yo saber aún que eso existía, y por supuesto él tampoco.

 

Esta receta de hoy era un plato que preparaba con cierta frecuencia y a mí me  encantaba. Cuando la hago me acuerdo muchísimo de él, de su sazón, y de los olores y sabores de su comida.  Al día de hoy no se si él lo preparaba así, porque nunca daba recetas, y yo la verdad era muy pequeña como para preguntarlas. Pero cada vez que preparo este Chopsuey de pollo es como si Pipo estuviera, porque vuelven sus olores y sus sabores, y con ellos, todos los buenos recuerdos que de él guardo.
Una prima me ha preguntado cómo preparo yo este plato, y me dije, mejor lo dejo por escrito, que es otra manera de disfrutar de Pipo y su sazón. Así que ahí les va.
Ingredientes:
-1 Pechuga de pollo
-1/2 manojo de cebollín
-1 acelga
-salsa china (salsa soja) a gusto
-una cucharadita de maicena
-sal a gusto.
-aceite
Preparación
 
-Filetea la pechuga si no lo está. A su vez corta los filetes en tiras no muy finas ni muy gruesas. Reserva
-Lava bien la acelga y còrtala tambien en tiras. Reserva.
-Lava bien el cebollín y córtalo en rodajitas no muy gruesas, incluyendo la parte verde del tallo.
-En un wok u olla similar pon un chorro de aceite a calentar. Una vez caliente echa el cebollino unos minutos y mueve para que no se queme (fuego fuerte a medio). Añade inmediatamente el pollo y mantén el fuego fuerte para que se dore. Cuando el pollo comience a soltar liquido añade la acelga, mueve todo bien, pon la salsa china a gusto. Ojo no te pases que te puede quedar salado. Corrige sal.
Tapa el wok y déjalo cocinar con la acelga a fuego medio por 3 minutos (no más porque te cargas la acelga)
Mientras tanto mezcla muy bien la maicena con un poquito de agua.
Transcurrido ese tiempo añades la mezcla a la preparación, mezclas bien con cuidado de no destrozar la acelga, y tápalo por unos 2 minutos más pero ya fuera del fuego.
Al destapar verás que la maicena ha espesado ligeramente la salsa. Prueba de nuevo y corrige sal si es necesario.

Sirve con arroz blanco.

Tips:
-Lo dicho, la acelga se cocina muy pronto, si la tienes mucho tiempo cociendo aparte de bailarte sus propiedades la vas a dejar con un aspecto mustio nada apetecible.
-Si la primera vez que lo hagas la salsa te ha quedado muy liquida, para la próxima puedes añadir un poquito más de maicena hasta lograr el punto deseado.

El ingrediente estrella de hoy: La Salsa china (salsa soja)
Mi abuelo buscaba la suya en el barrio chino de La Habana donde había un local en que él buscaba sus cositas. Allá íbamos los dos y él dale que te pego a hablar en chino con sus paisanos, y yo sin entender ni papa pero disfrutando de aquella cultura. En Cuba salsa china, en otros países salsa soya, en España salsa soja. La original es producto de un proceso delicado de fermentación. La que consumimos actualmente es industrial y es un proceso mucho más sencillo y barato. La de mi abuelo digo yo que era de la de “allá” ya que aparte de tener letras chinas por todos lados, tenía un sabor bastante más fuerte que la que consumimos al día de hoy. Ideal para arroces, carnes, pescados, pollo y hasta ensaladas. Es el condimento umami por excelencia.  No falta en mi cocina.

Autor: Sandra

Soy una mezcla de 6 países, muchísima gente y un montón de experiencias. A mixture of 6 countries, too many people and a lot of experiences. La Habana. Santiago de Chile. Barcelona. Valencia. Bogotá. Mexico DF. Miami.

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